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Estaremos seguros mientras todo se mueva

Doug Aitken

Hasta el 5 de diciembre de 2004.

REKALDE
Bilbao

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La Fundación "la Caixa" y la Diputación Foral de Bizkaia presentan en la Sala Rekalde la obra de uno de los artistas más destacados de EE UU


Doug Aitken Estaremos seguros mientras todo se mueva

Fragmentación, elipsis, aceleración y cámara lenta son algunos de los recursos que utiliza el artista Doug Aitken (Redondo Beach, California, 1968) para construir atmósferas mágicas y envolventes con las que seduce al espectador, invitándole a acceder a un universo de comunicación a través de imágenes y sonidos. Rostros, ritmos, paisajes, silencios, artilugios, letanías y gestos se suceden unos tras otros a velocidad vertiginosa. Sus historias no son relatos lineales, sino que proponen un ejercicio de atención a los elementos más invisibles e imperceptibles del acto comunicativo. Bajo el título Estaremos seguros mientras todo se mueva, la Sala Rekalde presenta una exposición dedicada a Doug Aitken, uno de los artistas contemporáneos más destacados de Estados Unidos. Producida y organizada por la Fundación "la Caixa", la exposición reúne dos instalaciones arquitectónicas de grandes dimensiones (unos 300 metros cuadrados cada una): blow debris (escombros que vuelan) e interiors (interiores), así como fotografías de la serie "plateau" (altiplano).

La exposición Doug Aitken. Estaremos seguros mientras todo se mueva, comisariada por Marta Gili, responsable de Fotografía y Artes Visuales de la Fundación "la Caixa", se podrá visitar en la Sala Rekalde (C/ Alameda Recalde, 30) de Bilbao, del 14 de octubre al 5 de diciembre de 2004.

Doug Aitken se suma a Tracey Moffatt, Gillian Wearing, Pierrick Sorin y Aernout Mik como protagonista de una serie de exposiciones a través de las cuales la Fundación "la Caixa" pretende mostrar la búsqueda de nuevas formas narrativas capaces de reflejar la complejidad del mundo contemporáneo. Junto con Bill Viola (cuya obra se exhibirá la próxima temporada en la Sala de Exposiciones de Madrid), Doug Aitken es uno de los artistas estadounidenses más destacados de la escena actual. Pero a diferencia de Viola, que aísla las tomas cinematográficas para crear un sentido casi zen de quietud meditativa, Aitken juega con la aceleración y la acumulación de un sinfín de imágenes cuya recomposición las hace más sugerentes y evocadoras. La proyección en múltiples pantallas de gran formato crea así un espacio envolvente que sumerge al espectador en una experiencia inefable y le empuja hacia las zonas oscuras del inconsciente.

¿Por qué nos comunicamos los unos con los otros? ¿Cómo lo hacemos? ¿Cuál es el precio de la pérdida de nuestro sentido del yo? ¿Y del de la comunidad? Éstas son algunas de las preguntas inherentes a la práctica artística de Aitken. Nacido en California, su obra es la encarnación del oeste americano: la lucha de Los Ángeles para encontrar una voz propia. Su origen se localiza en la última parada de la expansión de América hacia el oeste: Los Ángeles (California), la ciudad desde la cual no es posible continuar más allá en dirección oeste, en la cual la tierra se encuentra con el océano, el último lugar en el que una persona puede acuñar un nuevo pasado.

En todas sus instalaciones, Aitken explora con detenimiento la capacidad de lo mínimo y lo trivial para interceptar el rumbo de lo previsible. La complejidad del mundo en el que vivimos y las múltiples interconexiones que generan una dependencia colectiva exigen una nueva forma de articular nuestra experiencia como individuos y como colectividad, más acorde con lo imprevisible o lo mutante. Las instalaciones polimorfas y polirrítmicas de Aitken exploran el poder generador y regenerador del caos, es decir, señalan la facultad del desorden, de la indeterminación y de la incertidumbre para dar sentido y entendimiento a muchas de las cuestiones para las que nuestro mundo contemporáneo, superpoblado e interconectado, no halla respuesta.

De ahí que Aitken recurra a estrategias como la fragmentación, la reiteración y la bifurcación a la hora de construir sus historias o sus composiciones, tanto sonoras como visuales y arquitectónicas. La linealidad de la narrativa tradicional, es decir, los relatos en los que a una causa le sigue un efecto, ya no sirve para explicar el mundo. Por esta razón, tanto en interiors (interiores) como en blow debris (escombros que vuelan) las narraciones son erráticas, no siguen una pauta previsible de planteamiento, nudo y desenlace. Tampoco la multiplicidad de pantallas o recorridos dentro del espacio de una misma instalación indica una simultaneidad o una correlación de discursos. Sugiere, más bien, una pluralidad de presencias, de centros de atención, a la que las tecnologías contemporáneas de información y comunicación nos tienen más que acostumbrados.

La exposición Doug Aitken. Estaremos seguros mientras todo se mueva reúne dos grandes instalaciones arquitectónicas compuestas de proyecciones y banda sonora: blow debris (escombros que vuelan, 2000), una obra que consta de tres espacios y nueve pantallas de vídeo de grandes dimensiones y que todavía no se había podido ver en Europa, e interiors (interiores, 2002), una instalación recientemente adquirida por la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación "la Caixa". Asimismo, se mostrarán fotografías de la serie "plateau" (altiplano, 2002), que juega con diferentes marcas comerciales.


Las obras presentes en la exposición:


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blow debris (escombros que vuelan, 2000)
Instalación arquitectónica compuesta de proyecciones y sonido / 9 canales en DVD, 9 proyecciones, 21' en bucle

Esta obra, que consta de tres espacios y nueve pantallas, propone un viaje errático a través de una vacía y apocalíptica tierra baldía. La instalación funciona como una alegoría del Edén y del Paraíso perdido. Desde la secuencia inicial, Aitken propone al espectador un paraíso invertido creado por él mismo: en primer lugar, en vez de un exuberante y opulento jardín, se nos ofrece un paisaje desértico y reseco, un vacío desolador coronado de palmeras medio muertas; a continuación, una costa desolada y árida desprovista de todo; finalmente, un suburbio al sur de California formado por casas anónimas, reflejo cultural del desierto vacío. En la última de las tres estancias, el espectador llega al límite del suburbio y, una vez allí, en una explosión de energía, todo lo que estaba destruido se recompone de nuevo. Sillas y mesas, bombillas y televisores (los elementos arquetípicos del hogar americano), cobran forma de nuevo y sustituyen los estragos del Apocalipsis y de la tierra baldía. Las nueve pantallas, que funcionan de forma simultánea, se convierten en una sola, y permiten distinguir la narración fragmentada de pérdida y de deseo inventada por Aitken.


interiors (interiores, 2002)
Instalación arquitectónica compuesta de proyecciones y sonido / 3 canales de DVD, 3 proyecciones, 6' 55 " en bucle / Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación "la Caixa"

A vista de pájaro, se trata de una estructura arquitectónica en forma de cruz griega en cuyo centro aparecen inscritos dos círculos concéntricos. En el interior de este peculiar recinto de atmósfera envolvente y mágica, tres pantallas (situadas enfrente y a ambos lados de este perímetro cruciforme) proyectan imágenes y sonidos a velocidad vertiginosa: rostros, ritmos, paisajes, letanías, gestos, silencios, artilugios... Desde un vertedero hasta una oficina, desde un balcón hasta una playa, desde un mercado hasta una fábrica, Aitken hilvana las historias de diferentes personajes pervirtiendo la configuración del relato tradicional. El visitante, sorprendido, sentado justo en medio de la cruz (los dos círculos concéntricos son asientos circulares que permiten mirar una pantalla y otear las otras dos), trata de hallar la clave para descifrar este bombardeo visual y sonoro, en apariencia incoherente. Un simple ejercicio consiste en agudizar la atención y dejarse llevar por el fluir de imágenes y sonidos. Llegados a cierto punto, las historias parecen conectarse entre sí, creando un relato nuevo.


"plateau" (altiplano, 2002)
Caja de luz, 132 ´ 309,9 ´ 35,6 cm

Las imágenes de esta serie fotográfica funcionan como metaciudades. Están hechas manualmente con marcas comerciales (como IBM, FedEx y Coke, entre otras) que combinan estructuras de cartón. Cada pieza constituye una sutil investigación sobre la variación de estas marcas. Tiene que ver también con la idea de diferencias regionales y en qué modo su función se vuelve inútil al hacerlas coincidir todas juntas.

sala rekalde
alameda de recalde 30. 48009 Bilbao


Horario:
De martes a sábado, de 11 a 14h y de 17 a 20.30h
Domingos y festivos, de 11 a 14h. Lunes, cerrado

Servicio de información
www.fundacion.lacaixa.es
Tel.: 902 22 30 40
info.fundacio@lacaixa.es

Entrada gratuita

Enviado el 15 de Octubre. Página principal ...