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LOS COLORES DE LA CARNE
Las políticas de representación del cuerpo han merecido durante las últimas décadas una atención recurrente tanto en el mundo académico como en el del arte. Dentro de ese contexto, el tema de la prostitución y del comercio sexual ha sido reflejado por la cámara, a veces incurriendo en un burdo voyeurismo pero otras con un plausible esfuerzo de interpretación crítica. Para este cometido, la fotografía, en su formato documental, se ha situado en un doble plano: primero, como información visual aportando datos de estudio que escapan a una descripción verbal; y segundo, como vía en la que basar un proyecto de expresión personal, es decir, un proyecto “artístico”. A lo largo de la historia diferentes corpus fotográficos documentales han traslucido múltiples sensibilidades hacia ese fenómeno social. Hasta los años 70 del pasado siglo, la nómina de autores era exclusivamente masculina. Pero a partir de ese momento distintas mujeres fotógrafas participan en las tareas de documentar el tema de las trabajadoras del sexo. Autoras cuya mirada entrevé otro tipo de valores, que son los que esbozan el hilo conductor de esta exposición. En general, no se plantea el tema desde la alteridad sino desde un sentimiento de pertenencia. No hay ni escarnio ni crítica paternalista sino una voluntad de mostrar ese fenómeno desde la comprensión y la solidaridad. La retórica visual sigue a ese planteamiento con rasgos fácilmente discernibles, siendo el principal la voluntad de des-erotizar el cuerpo, de alejarlo de sus codificaciones como mercancía. Frente a la avalancha de una iconografía de consumo masculino, las mujeres fotógrafas rehuyen los elementos efectistas y los sustituyen por una visión decididamente austera. Tal vez el elemento más característico y perceptible de esa estética de resistencia sea justamente la ausencia de color. El blanco y negro ha sido lo normal dentro de las posibilidades lógicas y técnicas de una época: durante décadas los procedimientos de fotografía en color resultaban difíciles de controlar y los fotógrafos exigentes casi se veían forzados a decantarse por la imagen monocromática. Pero desde los años 70 la industria fotográfica desarrolla nuevas emulsiones y sistemas de revelado que, aunque concebidas preferentemente para el mercado de los aficionados, mejoran y simplifican sustancialmente las posibilidades de control de los resultados. En esa nueva tesitura la opción entre el blanco y negro o el color ya no es técnica sino retórica. Frente a los vistosos reclamos publicitarios y frente a las glamourosas revistas de papel couché, en unos momentos en que la fotografía en color parece más “natural”, automática, popular, económica y masificada, esas fotógrafas se aferran al blanco y negro como gesto político de respeto y como signo de neutralidad descriptiva. Fotografías de Merry Alpern, Jane Evelyn Atwood, Elisabeth B, Paz Errázuriz, Maya Goded, Alicia Lamarca, Erika Langley y Susan Meiselas. Enviado el 10 de Octubre. Página principal ... |