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EXPOSICIÓN QUICO ESTIVILL: JO SÓC PELL. PinturaSala d’Exposicions de la Rambla (Girona) – Del 20 de enero al 11 de marzo Rambla de la Llibertat, 1 -17004 Girona Organizan: Ajuntament de Girona y Fundació Caixa Catalunya
Y yo seré tu piel. «[…] por el espacio, el universo me comprende y me absorbe como un punto; por el pensamiento, yo lo comprendo». «Nadie en este mundo disfruta de más consuelos que aquellos que me ayudan a llevar la Cruz, pues todas mis dulzuras se derraman abundantes sobre el alma que bebe hasta las heces el cáliz de mis amarguras. Si bien la corteza es muy amarga, el fruto es de exquisita suavidad y dulzura; y toda pena parece pequeña teniendo ante los ojos la recompensa a que conduce». I. Determinar cuál ha sido la gran idea de Platón, de Kant, de Picasso, de Tàpies, de Foix, del mismo Bergson o de cualquier otro es hacer posible un diálogo. La recepción estética y, en general, el debate intelectual se fundamentan en esto. El problema —y la gracia— es que la mayor parte de las veces esta «gran idea» no puede enunciarse de golpe, de manera transparente, perfecta e inteligible, sino que tiene que ser desmenuzada progresivamente. Es la iluminación episódica de la que hablábamos. Si emparentábamos a Fabre con Van Eyck —las analogías entre ambos son sorprendentes y ricas— a Estivill lo podemos asociar, por ejemplo, con Caravaggio, cuya gran idea fue la antropologización radical del hecho sagrado. Y hablamos de «antropologización» y no de «paganización» porque de lo que se trata no es de destruir la espiritualidad, sino de otorgarle una dimensión humana. A menudo se ha puesto de ejemplo la obra La muerte de la Virgen, en la que, se especula, la modelo debía de ser una prostituta ahogada. La inclusión, por voluntad del mecenas, de María Magdalena junto a la muerta en esta pintura destinada a una institución que, vinculada a la iglesia de Santa Maria della Scala, se dedicaba a recuperar a mujeres de moral relajada, haría plausible esta posibilidad. Vestida de rojo y no de azul, como marca la tradición iconográfica mariana, acerca el hecho sagrado a la medida humana, lo hace comprensible, asimilable. También para comprender y creer introduce Santo Tomás los dedos en la llaga mortal de Jesucristo. El gesto de traspasar la piel del hijo de Dios contiene, en esencia, la gran idea de Caravaggio: como el punctum fotográfico del que Roland Barthes habla en La cámara lúcida, toda la energía de la composición, toda su potencialidad emana de aquel mínimo vínculo; el hombre entra en contacto con el hombre mediante una forma de penetración literal, explícita, pero no por ello carente de simbolismo. Lo hacía Caravaggio y, más próximo a nosotros, José de Ribera. Sus patizambos, mujeres barbudas y santos apóstoles tienen en común una humanidad que Ribera expresó siempre a partir de un riguroso análisis de la corporalidad de los personajes. El de Játiva es un pintor de pieles. O el Beato Enrique Susón imaginado por Zurbarán: todo un místico medieval tatuando sobre su piel una gran letra H que para nosotros quiere decir «hombre». En todo caso, el ejercicio no es exclusivo de la pintura barroca (y ahora ya podemos dejar claro que Estivill es un artista profundamente vinculado al Barroco). Muy recientemente, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se ha podido ver una atípica exposición de fotografías del artista Pierre Gonnord. Mientras que la mayoría de «retratistas» fotográficos actuales optan por la frontalidad estática —y demasiado a menudo hierática—, consolidada como estrategia representacional por autores fundamentales como Richard Avedon, Rineke Dijkstra o Diane Arbus, Gonnord recupera la lección del Barroco. Retrata a personajes de los que sólo sabemos el nombre y que, además, pertenecen a las clases sociales más bajas. Como el Arquímedes de Ribera, son hombres a los que el paso del tiempo ha erosionado, personas que acumulan las marcas inclementes que la realidad ha grabado de manera implacable en su piel (el Ulises de Angelopoulos sabe que al final sólo le reconocerán por las cicatrices que el viaje ha impreso en su cuerpo envejecido y desgastado por el ajetreo vital). Pero no sólo eso: María del Corral, comisaria de la exposición sevillana, decidió que las imágenes de Gonnord se colgaran integradas con la colección permanente del Museo. Así, autores, en especial de los siglos XVI y XVII, como Zurbarán, Valdés Leal, Mattia Preti, Murillo o Alonso Cano (gran pinacoteca, la de Sevilla) podían ser redescubiertos a la luz de unas realidades humanas situadas, en teoría, a años luz de la dignidad mayestática de vírgenes, reyes y santos. Alguien escribió que lo que se conseguía con este ejercicio no era santificar a los anónimos Jules, Paul, John o Ajmil, sino humanizar a los Susón, los santos jerónimos y las inmaculadas: de hecho, lo que se conseguía era ilustrar la antropologización de la que hablábamos a propósito de Caravaggio. II. El drama, como muy bien ha señalado el propio Valente, es que la historia del pensamiento occidental puede ser leída, en gran medida, como la historia de la desencarnación del logos. «Al principio —comenta el autor de La experiencia abisal— la palabra “logos” fue, en la versión de los setenta, la traducción del hebreo dabar, que designa al mismo tiempo la palabra y la cosa. A la desencarnación del logos corresponden la corrupción del lenguaje, la inadecuación de los nombres y el exilio de la palabra. El “saber” de Los claros del bosque [en relación con la conocida obra de Zambrano] volvería a ser un saber de la palabra como lugar de reconciliación. Lugar de la absoluta latencia del ser, lugar poético. Ya que la poesía misma sólo nos fue dada, como expresa Fray Luis de León en un famoso texto, para que las palabras y las cosas fueran conformes». Y es esta conformidad la que se encuentra detrás de la experiencia de Estivill: partiendo del concepto de Yo-piel dibujado por autores como Didier Anzieu, el artista explora la función de este espacio cutáneo en tanto que frontera relacional, en tanto que envoltorio amniótico, protector, en tanto que logos, palabra primordial que mantiene el sentido intacto. El propio Anzieu ha sido quien ha hablado del mito de Marsias para ilustrar este concepto: después de derrotar al sátiro en un concurso musical imposible, Apolo le quitó la piel y la colgó de la rama de un árbol. Con este gesto, según Anzieu, lo que Dios hace es privar al derrotado de toda forma de identidad, es decir, le extirpa literalmente su Yo-piel. Con todo, y no obstante la muerte de Marsias, su piel sigue siendo una fuente de riqueza y abundancia, hasta el punto que de ella nace el río que lleva al mismo nombre que el sátiro. Otros casos de profanación de la superficie cutánea en nuestra tradición (es importante que la piel de Marsias permanezca íntegra, separada del cuerpo pero no perforada o profanada) son los de San Sebastián y Jesucristo, en los que la piel pierde su función de contenedor de fluidos vitales, de preservar el cuerpo en vida. En ambos casos, a pesar de la muerte física de los cuerpos, la unión con la piel (la reencarnación) es indisoluble. Marsias no puede revivir ya que su piel no le pertenece. Jesucristo sí. Nos hallamos ante una compleja exploración de la identidad individual y colectiva que el artista rastrea a partir de nuestra relación natural con las palabras y la materialidad del mundo, de la relación necesaria entre el pensamiento y el lugar que ocupamos en el espacio en tanto que realidades físicas (Pascal). En la aventura creativa de Estivill, el proceso de desencarnación denunciado por Valente se soluciona en la medida en que el símbolo está indisolublemente ligado a la presencia real de la cosa, en la medida en que la espiritualidad se expresa en la materia. De hecho, según Valente, el informalismo de Tàpies se basa exactamente en esto: «Aquella materia que antes de manifestarse ha sido interiorizada, ha sido unificada y percibida en su movimiento espontáneo, se aproximaría mucho a lo que Novalis denomina en su Himno I lo más interior del alma de la vida (Lebens innerste Seele). […] El cumplimiento de la obra es tanto un proceso interior como el ejercicio visible de un arte. Porque el movimiento hacia el centro de la materia es también un movimiento dirigido al centro de la interioridad». Interior o exterior pero, en todo caso, la piel como vínculo entre estas dos realidades complementarias. Yo soy piel, nos dice Estivill: no hay que olvidar que nosotros también podemos ser la piel de los demás, y estos, al mismo tiempo, nuestra piel. Textos de Josep Domènech Ponsatí creados para el catálogo de la exposición (el poeta piel) II tengo tatuajes vivos CURRÍCULUM ESTIVILL En la producción artística de Estivill destaca su personal universo simbólico. Símbolos que cuestionan temas universales y eternos de la humanidad y que permiten al espectador sentirse vinculado con este lenguaje. Sus recursos habituales y expresivos son el símbolo, la materia (y textura), el espacio escenográfico y la corporalidad (huella y figura). Ha sabido crear con acierto su propio lenguaje plástico, lo que le ha llevado a exponer en Girona y otros puntos de Cataluña y del Estado, e incluso a escala internacional, en ciudades como París, Cannes, Hong Kong o Múnich. ________________________________________________________________________________________________
"[…] por el espacio, el universo me comprende y me absorbe como un punto; por el pensamiento, yo lo comprendo". "Nadie en este mundo disfruta de más consuelos que aquellos que me ayudan a llevar la Cruz, pues todas mis dulzuras se derraman abundantes sobre el alma que bebe hasta las heces el cáliz de mis amarguras. Si bien la corteza es muy amarga, el fruto es de exquisita suavidad y dulzura; y toda pena parece pequeña teniendo ante los ojos la recompensa a que conduce". En tot cas, l'exercici no és exclusiu de la pintura barroca (i ara ja podem deixar clar que Estivill és un artista profundament vinculat al barroc). Molt recentment s'ha pogut veure al Museo de Bellas Artes de Sevilla una atípica exposició de fotografies de l'artista Pierre Gonnord. Mentre que la majoria de "retratistes" fotogràfics actuals opten per la frontalitat estàtica —i massa sovint hieràtica— consolidada com a estratègia representacional per autors fonamentals com Richard Avedon, Rineke Dijkstra o Diane Arbus, Gonnord recupera la lliçó del barroc. Retrata personatges dels que només sabem el nom i que, a més, pertanyen a les classes socials més baixes. Com l'Arquímedes de Ribera, són homes a qui el pas del temps ha erosionat, són persones que acumulen les marques inclements que la realitat ha gravat de manera implacable sobre la seva pell (l'Ulisses d'Angelopoulos sap que al final només el reconeixeran per les cicatrius que el viatge ha imprès sobre el seu cos envellit i desgastat pel tràfec vital). Però no només això: Maria del Corral, comissaria de l'exposició sevillana, va decidir que les imatges de Gonnord es pengessin integrades a la col·lecció permanent del Museu. Autors, en especial del XVI i el XVII, com Zurbarán, Valdés Leal, Mattia Preti, Murillo o Alonso Cano (gran pinacoteca la de Sevilla) podien ser redescoberts a la llum d'unes realitats humanes, en teoria, situades anys llum de la dignitat majestàtica de Verges, Reis i Sants. Algú va escriure que el que s'aconseguia amb aquest exercici no era santificar els anònims Jules, Paul, John o Ajmil sinó humanitzar els Susón, els sants Jerónims i les immaculades: de fet, el que s'aconseguia era il·lustrar l'antropologització de la que parlàvem a proposit de Caravaggio. II. El drama, com molt bé ha assenyalat el mateix Valente, és que la història del pensament occidental pot ser llegida, en gran mesura, com la història de la desencarnació del logos. “Al principi —comenta l’autor de La experiencia abisal— la paraula logos va ser en la versió dels Setanta la traducció de l’hebreu dabar, que designa al mateix temps la paraula i la cosa. A la desencarnació del logos correspon la corrupció del llenguatge, la inadecuació dels noms i l’exili de la paraula. El saber de Los claros del bosque [en relació a la coneguda obra de Zambrano] tornaria a ser un saber de la paraula com a lloc de reconciliació. Lloc de l’absoluta latència de l’ésser, lloc poètic. Ja que la poesia mateixa només ens va ser donada, com vol Fray Luis de León en un text famós, perquè les paraules i les coses fossin conformes”; i és aquesta conformitat la que es troba rera l’experiència d’Estivill: partint del concepte de Jo-pell dibuixat per autors com Didier Anzieu, l’artista explora la funció d’aquest espai cutani en tant que frontera relacional, en tant que embolcall amniòtic, protector, en tant que logos, paraula primordial que manté el sentit intacte. Ha estat el mateix Anzieu qui ha parlat del mite de Màrsies per il·lustrar aquest concepte: després de derrotar al sàtir en un concurs musical impossible, Apol·lo li va treure la pell i la va penjar de la branca d’un arbre. Amb aquest gest, segons Anzieu, el que fa el Déu és privar al derrotat de tota forma d’identitat, és a dir, que li extirpa literalment el seu Jo-pell. Amb tot, i malgrat la mort de Màrsies, la seva pell segueix sent una font de riquesa i abundància fins al punt que d’ella neix el riu que porta el mateix nom que el sàtir. Altres casos de profanació de la superfície cutànea en la nostra tradició (és important que la pell de Màrsies resti íntegra, separada del cos però no perforada o profanada) són els de San Sebastià i Jesucrist: en aquest cas la pell perd la seva funció de contenidor de fluids vitals, de preservar el cos en vida. En tots dos casos, malgrat la mort material dels cossos, la unió amb la pell (la reencarnació) és indissoluble. Màrsies no pot reviure ja que la seva pell ja no li pertany. Jesucrist si. Ens trobem dabant una complexa exploració de la identitat individual i col·lectiva que l’artista rastreja a partir de la nostra relació natural amb les paraules i la materialitat del món, de la relació necessària entre el pensament i el lloc que ocupem en l’espai en tant que realitats físiques (Pascal). En l’aventura creativa d’Estivill se soluciona el procés de desencarnació denunciat per Valente en la mesura que el símbol està indissolublement lligat a la presència real de la cosa, en la mesura que l’espiritualitat s’expressa en la matèria. De fet, segons Valente, l’informalisme de Tàpies es basa exactament en això: “Aquella matèria que abans de manifestar-se ha sigut interioritzada, ha sigut unificada i percebuda en el seu moviment espontani, s’aproximaria molt a allò que Novalis anomena al seu Himne I el més interior de l’ànima de la vida (Lebens innerste Seele). […] L’acompliment de la obra és tant un procés interior com l’exercici visible d’un art. Perqué el moviment envers el centre de la matèria és també un moviment dirigit al centre de la interioritat”. Interior o exterior però, en tot cas, la pell com a vincle entre aquestes dues realitats complementàries. Jo sóc pell, ens diu Estivill: cal no oblidar que nosaltres també podem ser la pell dels altres i els altres, al mateix temps, la nostra pell.
(el poeta pell) tinc tatuatges vius CURRICULUM ESTIVILL En l’obra artística d’Estivill destaca el seu personal univers simbòlic. Símbols que es qüestionen temes universals i eterns de la humanitat i que permeten a l’espectador sentir-se vinculat amb aquest llenguatge. Els seus recursos habituals i expressius són el símbol, la matèria (i textura), l’espai escenogràfic i la corporalitat (empremta i figura). Ha sabut crear amb encert el seu propi llenguatge plàstic, fet que l’ha portat a exposar a Girona, Catalunya, l’Estat Espanyol, i fins i tot a nivell internacional, com ara a París, Cannes, Hong Kong o Munic. Enviado el 23 de Enero. Página principal ... |